Sobre la existencia: entre el ser y la nada

Desde muy jovencita me pregunto por qué hay algo en lugar de nada. Estos pensamientos me asaltan de manera fulminante, llegan en segundos y mi mente trata de buscar una respuesta inmediata. Pero siempre choca contra un muro invisible, un límite que no puedo superar y se desvanece. Es un instante de curiosidad intensa, un impulso irrefrenable por entender algo que parece inabarcable. Ninguna teoría que conozco, ninguna explicación que encuentro, consigue dar respuesta al porqué de la existencia. Y entonces entiendo algo que me abruma: si no hay existencia, existe la nada, y la nada es imposible de comprender; la consciencia no puede salir de sí misma. O hay algo, o no hay posibilidad de comprensión.

Siempre he sentido esa curiosidad como un motor que me empuja a buscar la razón de todo lo que sucede y existe. Intento entender las causas, remontarme al pasado de cada fenómeno, porque todo lo que es, tiene un origen, un porqué. Pero incluso ahí, mi reflexión alcanza un límite: el pasado mismo, tiene un límite que coincide con la existencia de la realidad que nos rodea, con el universo, con el tiempo, con las leyes físicas, con la consciencia. Todo lo que puedo observar y analizar tiene un marco que no puedo sobrepasar.

Entiendo también que la consciencia misma es un «algo». Y si no hubiera consciencia, seguiría habiendo algo: la existencia no depende de que yo la observe. Este hecho me conmueve y me sobrecoge.

Mi impulso es construir mi día a día desde esta consciencia de lo que me rodea, observando el comportamiento de todo para saber, para actuar y para elegir con mayor claridad. Busco ampliar mi percepción, elevarme a una perspectiva más alta, y así ver con más nitidez. Quiero abstraerme hasta lo más esencial, hasta los pensamientos primigenios, para acercarme a la comprensión de lo que significa existir. Esta mirada amplia y relativa, incluso limitada, me aporta una especie de paz, una aceptación de la realidad tal como es, sin evasiones.

Si no puedo conocer el porqué último de la existencia, descubro que puedo conocer las condiciones de mi propia experiencia. Puedo explorar los límites de mi pensamiento, observar hasta dónde alcanza mi consciencia y comprender cómo se estructura la realidad que soy capaz de percibir. Cada acto de observación , cada reflexión, cada instante de consciencia me revela algo sobre el marco en el que existo.

De ahí surge una conclusión que me resulta esencial: el sentido no reside en alcanzar una causa absoluta, imposible de accededer. El sentido está en comprender lo que es posible comprender desde dentro de ese marco. La libertad aparece cuando acepto esos límites, cuando dejo de exigir respuestas imposibles y en cambio, me concentro en explorar la realidad que puedo tocar, sentir y entender. Esa aceptación no es resignación, es el punto desde el que puedo moverme con claridad, elegir con consciencia y abrirme a la vida con atención plena.

Comprender esto me devuelve un tipo de paz profunda. Me permite habitar mi existencia con curiosidad y cuidado, sin quedar atrapada en un choque constante contra lo inabarcable. La exploración no busca lo absoluto, busca lo que puedo tocar, lo que puedo vivir, lo que puedo conocer desde dentro de mi propia experiencia. Y en esa exploración encuentro libertad, sentido y un horizonte siempre abierto.

Publicaciones Similares