El vuelo enigmático de los Estorninos

Esta tarde, mientras paseaba por la playa con Nena, mi perrita, he presenciado algo que me ha ipnotizado. El cielo, que hasta hacía un momento estaba tranquilo, se ha llenado de movimiento. Un grupo enorme de estorninos volaba en una sincronía perfecta, dibujando formas imposibles sobre el mar como si hubiesen ensayado ese baile una y otra vez.

Los veía moverse como si compartieran un mismo pensamiento, girando y ondulando en una danza que parecía coreografiada por el propio viento. De pronto, he notado la razón de tanta precisión, una vez rapaz rondaba cerca, quizá un halcón, o una de esas que se adaptan a volar sobre las ciudades.

Lo curioso es que no ha habido caos, sino armonía. Cientos de cuerpos pequeños girando al unísono para confundir a uno solo. Todos juntos, protegiéndose. Ha sido un espectáculo natural, hermoso y feroz al mismo tiempo.

Nena, tumbada a mi lado, los observaba conmigo, sin entender del todo lo que pasaba, pero tranquila, como si el cielo se explicara solo. Yo, en cambio, me he quedado con esa imagen grabada. Porque a veces la naturaleza te recuerda, sin decir una palabra, que la unión y la intuición pueden más que la fuerza.

Al volver a casa, aún pensaba en esa escena. En cómo esos pequeños seres se entienden sin hablar y actúan din dudar. Y me he dado cuenta que, en el fondo, todos buscamos lo mismo, sentirnos parte de algo que nos proteja cuando aparece el miedo.

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