El silencio que Es mi Hogar

Siempre supe que llevaba un ritmo distinto. De pequeña, en el patio del colegio, el ruido de la pelota y los gritos de los otros me parecían un espectáculo divertido, pero ajeno. Yo era una niña que observaba desde la sombra del árbol, intentando conocer como era eso de la amistad. Lo intenté, de verdad. Aprendí sus reglas y ya en la juventud, seguí el guion al pie de la letra: fiestas, primeras noches de alcohol y confesiones superficiales, amores que se disolvían como el azúcar en agua caliente.

En aquel entonces pensaba que algo fallaba en mi, que mi forma de sentir estaba estropeada. Todos parecían conectar con una facilidad casi natural e innata, construir amistades era algo tan sencillo.. Yo en cambio, sentía que hablaba un idioma diferente. Mis pensamientos, mis inquietudes, esa voz interior que inconscientemente necesitaba profundidad y autenticidad, pero que no podía pasar de la superficie.

No era desprecio, era cansancio. Me agotaba al tener que esforzarme en encajar todo el tiempo, en explicarme o justificarme, era un trabajo que me dejaba vacía.

Con el tiempo la vida hizo lo que yo no me atrevía a hacer. Algunas personas se apartaron y cada uno siguió su camino. Pensé que sentiría una pérdida, pensé que me rompería y lo que apareció fue tranquilidad y alivio. Un silencio que no pesaba, un silencio que me permitió estar conmigo y sentir que me gustaba.

Entonces lo comprendí. La niña que miraba en silencio, la joven que buscaba su lugar, la adulta que seguía lo que tocaba. Nada de eso fue un error, todo formó parte del proceso de ir quitando lo que no era mío para reconocer como era mi forma real de estar en el mundo. Ser yo sin interferencias.

No es que no quiera vínculos, es que los necesito con un nivel de sinceridad y profundidad que casi no encuentro. Personas capaces de estar en la verdad de lo que sienten y de compartir el silencio sin incomodidad.

Mientras no se de este inesperado encuentro, elijo mi soledad. Muchos la ven como un encierro, para mi es el espacio donde más libertad siento. Es el espacio donde no tengo que justificar mis silencios, donde mis pensamientos pueden correr sin riendas, donde puedo ser yo sin explicarme ni justificar nada.

La vida no me ha quitado nada, me ha devuelto a mí misma. Durante años seguí etapas que venían marcadas por lo que se esperaba de mí. Ahora en la calma, he visto una verdad que siempre estuvo delante y que evitaba mirar. Mi bienestar nace cuando actúo acorde a lo que soy. No depende de situaciones externas ni de otras personas. Y esta soledad, lejos de ser un vacío, es el camino que por fin me ha hecho sentir completa y satisfecha.

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