«Geografía de una alma silenciosa»

Soy una mujer de aguas tranquilas, aunque profundas. Calma, sencillez, una forma pausada de mirar la vida, como quien sabe que no hace falta mucho para ser feliz. Sin embargo, en mi mundo interior, late un cosmos rico, cargado de pensamientos, reflexiones y una sensibilidad aguda.

Mi corazón busca instintivamente lo genuino, lo leal, y la superficialidad me hiere como una espina. Por ello, disfruto de la soledad; en ella no hay decepciones ni artificios. Soy sencilla en mis formas, pero no simple en mi sentir. Mi vida está tejida con la calidad y la verdad de los pequeños instantes.

Hay momentos donde el mundo se alinea y siento que todo encaja. Sucede, por ejemplo, cuando camino por un sendero sombreado, sintiendo el aire puro filtrarse en mis pulmones. El sonido de mis pasos se mezcla con el viento y el eco de los alegres e inocentes saltos de mi perrita entre los matorrales. Ahí, me siento completamente llena de vida.